Nace la Vida

 Un año más celebramos la Navidad, el nacimiento de Jesucristo que se hace hombre, que entra voluntariamente en la historia humana para compartir nuestra vida. Celebramos el acontecimiento central de la historia de la humanidad. El género humano esperaba la venida del Mesías y de manera más consciente la esperaba el pueblo de Israel.
 Jesucristo es la vida. La Vida con mayúsculas que vivificará nuestra pequeña existencia. La vida que brilla y que ilumina el mundo con su luz, que llena de sentido nuestra pobre vida. Un año más contemplamos el nacimiento del Hijo eterno de Dios, que se hace hombre para compartir nuestra vida, para salvarnos del pecado, para liberarnos de todos los males. El Señor tenía desde el principio en él la vida, y esta vida es la luz de los hombres y mujeres de ayer, de hoy y de siempre. Y su luz resplandece en la oscuridad y su luz ilumina la noche del mundo (cf. Jn 1, 1-5). El don de su vida y de su luz nos ayuda a captar el valor de la vida de todo ser humano.
 Un año más cantaremos en la misa de la noche el salmo 95, y recordaremos que “hoy nos ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” y nos alegraremos con el cielo y haremos fiesta con la tierra, y reviviremos el gozo de la salvación. Desde hace veinte siglos resuena en el corazón de la Iglesia el anuncio gozoso del ángel que anuncia a los pastores una gran alegría, el nacimiento del Señor. Y el nacimiento de Jesucristo llena de sentido el nacimiento de cada ser humano y fundamenta a la vez el gozo que produce la vida de cada niño que viene al mundo.
 Cuando Jesús presenta el núcleo de su misión, hablará de la vida y afirmará que él ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10, 10). Se refiere a la vida nueva, a la comunión con el Padre, una unidad de vida a la que está llamado todo ser humano. Y en esta vida encuentran su pleno sentido todos los aspectos y las vicisitudes de la vida humana. El ser humano está llamado a participar de la misma vida de Dios, y es aquí donde radica la grandeza y el valor de toda vida humana. La Buena Nueva de la vida está en el centro del mensaje de Jesús y hemos de proclamarlo incesantemente a los hombres y las mujeres de todas las épocas y culturas, y especialmente aquí y ahora (cf. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 1-2).
 Navidad es la fiesta del amor y de la esperanza porque es la fiesta de Dios que se hace hombre para elevar a los hombres a la categoría de hijos adoptivos de Dios, de hombres nuevos que viven una vida nueva. Es la fiesta del amor inmenso e incondicional de Dios, un amor absoluto que nos conduce a la certeza absoluta de que Jesús, la Palabra eterna del Padre, ha venido a salvarnos, a darnos vida, una vida abundante. Dios, que nos ama infinitamente, es la esperanza definitiva para el ser humano. El sentido más profundo de nuestra vida radica en la relación con Aquel que es la Vida misma. Es entonces cuando vivimos en plenitud (cf. Benedicto XVI, Spes salvi, 26-27).
 Navidad es un misterio muy profundo. Pido al Señor que nos ayude a profundizar en este misterio de amor y de esperanza. Y a todos los diocesanos os deseo una santa Navidad. Con un agradecimiento a todas aquellas personas que hacen todo cuanto pueden para que los hombres y las mujeres de hoy conozcan a Jesucristo y su condición de hijos amados de Dios. ¡Una gozosa y santa Navidad para todos!

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa