Navidad y la “gloria del hombre”

       Estamos ya en vísperas de la Navidad. En el momento de ponerme a escribir esta carta semanal a mis diocesanos han venido a mi memoria unas palabras del Papa en su reciente visita apostólica a Santiago y a Barcelona. En ambas ciudades habló del mensaje cristiano con unas reflexiones que me parece que se armonizan bien con las fiestas navideñas. Otro día, Dios mediante, me referiré a lo que dijo en la basílica de la Sagrada Familia. Hoy voy a recordar algo de lo que dijo en la misa de la plaza del Obradoiro de Santiago, a la que calificó, con toda razón,  de “espléndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual”.

      Navidad es la cercanía de Dios, que en Cristo ha asumido para siempre nuestra humana condición. “Dios es hombre para siempre”, escribió un poeta. Y esto es el Evangelio, la Buena noticia de todo el año y en especial de la Navidad, porque es cuando celebramos su nacimiento entre los hombres, haciéndole el Emmanuel, es decir, “el Dios con nosotros”. La liturgia de la fiesta navideña lo dirá en tono todavía más familiar: “Puer natus est nobis”, “un Niño nos ha nacido”. La familia humana tiene un Niño, una promesa, que ha nacido “para nosotros”, como matiza muy acertadamente la lengua latina con el término “nobis”, para nosotros.

      Por contraste, he recordado estas palabras del Papa en la plaza del Obradoiro: “Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios, que envió al mundo a su Hijo Jesucristo a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna”  (cf. Jn  3,16).

        Y citó el Papa un texto de la Biblia que afirma tajante, ante un paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: “¿Cómo hubiera creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado? Él que en su plenitud infinita no necesita nada” (cf. Sap. 11,24-26). ”¿Cómo Dios –se preguntaba Benedicto XVI- se hubiera revelado a los hombres si no quisiera velar por ellos? ¿Cómo el hombre mortal se va a fundar a sí mismo y cómo el hombre pecador se va a reconciliar a sí mismo?”.

      Frente a estas preguntas el Papa pedía abrir las inteligencias, las voluntades y los corazones a “ese Dios y a ese hombre que se han manifestado concretamente en Cristo. Por eso pedía –en sintonía con el que es  el gran objetivo de su pontificado-: “Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones”.

     Juan Pablo II, desde Santiago, invitó a Europa a descubrir sus raíces cristianas. Benedicto XVI, también desde Santiago, ha invitado a nuestro continente a descubrir al Dios que es el amigo de los hombres, el amigo de la vida, como dijo también en su homilía de Barcelona.

     En Navidad se manifiesta la gloria de Dios. Pero en Navidad se manifiesta también la gloria del hombre y de la mujer. Por esto, me parece que todos las oímos en el marco del Obradoiro, en aquella mañana del pasado 6 de noviembre, recordaremos estas palabras de Benedicto XVI: “Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre. (…) Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo”.

     En el espíritu de estas palabras, deseo una santa y serena Navidad a todos aquellos y aquellas a quienes puedan llegar mis palabras.

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa   

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa