Noche de luz, noche de paz

Celebramos hoy el cuarto domingo de Adviento. La corona de Adviento ya se adorna con cuatro luces, que simbolizan el camino que hemos venido siguiendo hacia el Niño nacido en Belén.

Dentro de tres días celebraremos la Navidad. Seamos conscientes de este misterio: Dios mismo, por amor a cada uno de nosotros y por amor a esta tierra, tan cruel a veces sobre todo con los pequeños y los pobres, se ha hecho hombre, se ha hecho uno de nosotros.

Pido a todos cuantos tienen la bondad de seguir estas reflexiones semanales, que no dejen pasar la Navidad sin celebrarla de la mejor manera posible. Sobre todo, pido que nadie apague en su alma los brotes de la fe, de la esperanza y del amor efectivo y compartido. No deseo a nadie aquel corazón navideño endurecido que glosó Dickens en una de sus narraciones navideñas, sino un corazón sensible, un corazón humano.

El novelista inglés más grande de la época victoriana, fue también el cantor de la Navidad y de su espíritu. Son múltiples las ocasiones en que, en un cuento corto o en un capítulo de una novela, evoca la emoción que en el ambiente y en el corazón de los hombres, produce dicha fiesta. Lo mejor que escribió sobre este tema se encuentra en sus obras “Canción de Navidad”, “Las campanas” y “El grillo del hogar”, que revelan una calidad poética y una muy notable sensibilidad humana y cristiana.

Navidad implica para él la capacidad de sentir un cierto calor humano, una especial capacidad de sintonizar con las cosas y con los hombres sencillos y humildes, y su reproche y su ironía por las cosas pomposas y externas. En suma, para él, Navidad es sobre todo la alegría de los humildes, frente a la frialdad de los poderosos.

Para sintonizar con la Navidad hace falta tener también algo del espíritu franciscano, y no es casualidad que fuera Francisco de Asís el iniciador genial de la tradición del belén hogareño, de tanto arraigo en los países de nuestro entorno cultural y en especial en Catalunya. Cuidemos nuestras tradiciones que son expresión de nuestra identidad cultural y de nuestra fe cristiana.

No podemos imaginar la Navidad sin la poesía y  la música. Por eso la han cantado nuestros poetas y la han cantado nuestros músicos. Y por supuesto, y por encima de todos, nuestros santos.

Navidad es, en medio de la noche, un estallido de luz, de paz, un estallido de humanidad. Por muy densa que sea la niebla que inunda nuestras calles, como en el Londres de Dickens, siempre pueda renacer un corazón humano y generoso. Es el repetido milagro de la Navidad.

La deseo muy cristiana a todos, en especial a aquellos a los que puedan llegar mi palabra en estas vísperas navideñas.

                                   + Josep Àngel Saiz Meneses

 

                                   Obispo de Terrassa 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa