ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

El domingo 17 de abril celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en la que somos invitados a reflexionar sobre el ministerio sacerdotal y sobre la vida consagrada, realidades fundamentales en la vida de la Iglesia.
La palabra vocación viene del latin vocare, llamar, es decir, pronunciar el nombre de alguien en voz alta, o también significa la inspiración con la que Dios llama a alguien a un estado determinado o a una misión. Esta palabra –vocación- califica primigenia y radicalmente la relación de Dios con la creación. La palabra creadora de Dios llama y crea de la nada todas las cosas. La palabra creadora crea al hombre y a la mujer. Dios llama al hombre y a la mujer a vivir en amor y fecundidad y a perfeccionar la tierra. La palabra de Cristo llamará a las personas al amor y al crecimiento a través de distintos caminos.

La constitución pastoral Gaudium et Spes nos recuerda la llamada - la vocación-, de Dios al hombre y cómo ahí radica su dignidad: "La razón más profunda de la dignidad humana está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndolo creado Dios por amor, por amor lo conserva siempre, y no vivirá plenamente conforme a la verdad si no reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador" (n° 19). Este es el horizonte, el marco en que situamos la vida y la vocación. La vida es ya una vocación, la fe es una vocación, y después vendrán las concreciones en diferentes estados de vida.

Pero hay quien parece empeñarse en convencernos de que nos hallamos en una etapa en que se ha superado la concepción creyente de la existencia. Se quiere plantear la vida como si Dios no existiera, se le quiere borrar de lo cotidiano. Sin embargo, la fuerza intrínseca de la religión se abre paso en medio de las dificultades y se muestra a través de hombres y mujeres, niños y jóvenes, del mundo del trabajo y del ámbito universitario, que siguen esa llamada a la vida, a la fe, al seguimiento de Cristo, a la vida consagrada a su causa, a su Reino, al anuncio de la Buena Nueva.

Desde hace muchos años, al inicio de cada curso tengo noticias de jóvenes que lo dejan todo para ingresar en un seminario, en un noviciado, en un monasterio. Cómo es posible que un joven deje sus estudios, sus perspectivas profesionales, para marchar a tierras remotas de misión en medio de incomodidades sin número, o se encierre en un convento para dedicarse a la oración y al trabajo en una vida de austeridad, o se dedique a cuidar de los más pobres y pequeños, de los enfermos, de los ancianos. Cómo es posible renunciar al amor humano, al éxito profesional, a la riqueza ganada justamente… Estas cosas sólo se pueden explicar si en esa vida irrumpe poderosamente una fuerza capaz de relativizar el resto de los elementos y articularlos en torno de esta fuerza. En la Sagrada Escritura contemplamos numerosos ejemplos de la llamada de Dios y del seguimiento de los profetas, jueces, etc. En veinte siglos de historia del cristianismo encontramos una multitud innumerable: desde Pedro y Pablo a Teresa de Calcuta y Pere Tarrés, por citar sólo unos pocos de una lista interminable. El común denominador no es una ética atractiva o unos valores interesantes, es una Persona, es Cristo, el Señor, que llama, que cautiva, que fascina. Por él vale la pena dejarlo todo y seguir la misión que él encomiende.

Este año el Santo Padre se inspira el mensaje de esta Jornada en el episodio de la pesca milagrosa. "Duc in altum" -"Rema mar adentro"-, dice a Pedro y a los apóstoles. Ellos se fiaron de la palabra de Jesús y se produjo la pesca milagrosa. La llamada y la exhortación del Señor adquieren un significado particular en el momento actual, en los inicios del tercer milenio, que afrontamos con la confianza puesta en El y en los hermanos, y siempre atentos a su llamada. Confiamos en su palabra, escuchamos su enseñanza, le expresamos nuestras ilusiones y esperanzas, le abrimos el corazón.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa