Pan partido para la vida del mundo.

Celebramos la solemnidad del Corpus Christi, centrada en la adoración de Jesucristo, presente realmente en los signos sacramentales del pan y del vino. La celebración de la Eucaristía en este día tiene el complemento -y como la prolongación- en las procesiones eucarísticas que se celebran desde hace siglos entre nosotros. Cristo, en la Eucaristía, es "pan partido para la vida del mundo" (Jn 6, 51).
En cada celebración eucarística se actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada ser humano. Es así como nace, desde el misterio de la Eucaristía, el servicio de la caridad para con el prójimo. Esto sólo puede vivirse a partir del encuentro íntimo con Dios. Desde ese encuentro profundo con Dios, que cambia la vida, que cambia el corazón, yo puedo a mirar a los demás desde la perspectiva de Jesucristo (Cf. SC 88).
Este es el día en que también tiene lugar la jornada central de Cáritas, la institución de la Iglesia para la ayuda fraterna. La Cáritas de nuestra diócesis realiza una gran labor en la atención a los pobres y marginados, a los inmigrantes, a las personas solas... Una de las riquezas humanas de la Iglesia, y en concreto de nuestra diócesis, son las personas voluntarias que colaboran con Cáritas. Pensando en ellas especialmente, y también en los diocesanos que apoyan y hacen posible la continuidad de las Cáritas parroquiales y de la Cáritas Diocesana, escribo estas reflexiones.
Tienen una profunda sintonía la fiesta de Corpus Christi y la ayuda a la labor de nuestra Cáritas. Cuantos ayudan, de diversas maneras, a las tareas asistenciales y de promoción humana de las Cáritas, hacen realidad la tradición, tan intensamente vivida en los primeros siglos de la Iglesia, de vincular  la celebración de la Eucaristía con la caridad fraterna, insistiendo en la relación profunda que hay entre la Fracción del Pan y la comunicación cristiana de bienes, que tiene como consecuencia el compartir con los hermanos necesitados. Ya el apóstol Pablo calificaba como algo "indigno" de una comunidad cristiana que participe en la Cena del Señor si esto lo hace en un contexto de división y de indiferencia hacia los pobres.
Benedicto XVI, en su primera encíclica, dedica toda la segunda parte a la actividad caritativa de la Iglesia como manifestación del Dios que es amor. Esta segunda parte es una verdadera carta magna de Cáritas. Recuerda que la tarea de establecer una sociedad más justa no es inmediatamente tarea de la Iglesia, sino del Estado y de la sociedad. Ahora bien, la Iglesia no debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. El deber inmediato de trabajar por un orden justo es propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado que son, están llamados a participar en la vida pública, llamados a configurar rectamente la sociedad, bajo su propia responsabilidad y cooperando con otros ciudadanos, viviéndolo como consecuencia de su fe y viviendo su actividad política como caridad social.   Mi reconocimiento y mi gratitud a todos cuantos trabajan por hacer el bien y ayudar a los necesitados, sin ninguna acepción de personas ni discriminación, viendo en ellos y ellas sólo a hijos e hijas de Dios necesitados de ayuda.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa    

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa