PASCUA DE RESURRECCIÓN: EL TRIUNFO DE LA VIDA

Hemos llegado a la más grande de las fiestas del año cristiano. Celebramos la Pascua de resurrección, cuando la naturaleza misma, después del periodo invernal, parece abrirse en un canto a la vida. Mi reflexión de hoy quiere tener el sentido de una felicitación pascual para cuantos puedan leerme.

Para esta felicitación he decidido escoger una estrofa de la secuencia de Pascua que sintetiza bellamente el misterio que celebramos:
"Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y muerto el que es la vida,
triunfante se levanta".

Efectivamente, la vida y la muerte lucharon en una batalla singular, única, definitiva. Y Cristo, dando la vida por la salvación de todos, se convierte en la Vida que triunfa definitivamente sobre el pecado y sobre el mal. Con la fuerza de un amor infinito ha vencido al pecado y a la muerte. Y por la fuerza de su sacrificio redentor hace nuevas todas las cosas.

La resurrección de Jesús constituye el núcleo del kerigma, del mensaje de la primitiva Iglesia, el objeto esencial de la fe. Objeto y fundamento tal como los expresa San Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe" (1Co 15,17). Los cuatro evangelistas lo narran detalladamente y el libro de los Hechos de los Apóstoles, así como las cartas paulinas, lo confirman ampliamente.

Podemos imaginar los sentimientos que se agolparían en el corazón de las mujeres -las primeras- que fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. Podemos imaginar los sentimientos de los apóstoles cuando se les aparece el Resucitado deseándoles la paz. No encuentro palabras ni imágenes para acercarme a la descripción de lo que sería el encuentro de Cristo resucitado, el Hijo, con María, la Madre. Hasta tal punto ha calado este hecho en la fe profunda de nuestro pueblo que en diferentes lugares se celebra, después de la Vigilia Pascual, la llamada Procesión del encuentro, en la cual una imagen del Resucitado, llevada por los hombres, se encuentra con un imagen de María, llevada por las mujeres.

Hoy nosotros no podemos menos que admirarnos y alegrarnos. Hemos de inclinarnos también ante la tumba vacía, admirar las apariciones del Señor. La contemplación de la resurrección de Jesús, de su triunfo sobre el pecado, la muerte y el mal nos abre el camino a unas actitudes que yo calificaría de actitudes pascuales. Sólo menciono algunas.

La alegría. Vivamos la alegría pascual de sabernos amados por Dios Padre, redimidos por Cristo, llamados a vivir una vida nueva desde nuestro bautismo.

La confianza. La Pascua manifiesta la eficacia del amor divino por parte de las tres Personas divinas y la realización eficaz del deseo de unión con ellas para siempre. Confiemos en Jesús, en su palabra, en su mensaje.

Relativizar los bienes de este mundo. Estamos llamados a vivir el momento presente, a trabajar cada uno en su lugar y según su vocación y capacidades para construir los valores del Reino ya en este mundo. Pero, al hacerlo, nos reconocemos peregrinos hacia el mundo definitivo.

Colocar en el centro de nuestra vida cristiana la eucaristía. La acción del Resucitado se ejerce sobre todo por la eucaristía. Por ella, Cristo está presente en la Iglesia y le da firmeza y consistencia.

A todos os deseo una santa y gozosa Pascua de resurrección.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa