Peregrinos de lo absoluto (27/05/2018)

Escudo Episcopal de Obispo de Terrassa En el domingo de la Santísima Trinidad celebramos la Jornada de la Vida Contemplativa. El lema de este año es una invitación de Santa Teresa: “Solo quiero que le miréis a Él”. Hoy es un día propicio para agradecer y apoyar a los hombres y mujeres que mantienen vivo el ideal religioso de la vida contemplativa. El lema implica una doble peregrinación: El primer momento consiste en un camino de interioridad en el que la persona peregrina hacia su interior donde descubrirá la presencia del amor divino y la respuesta del amor humano a su Dios. Después vendrá el camino ascendente de la peregrinación espiritual. El corazón que ha descubierto y contemplado a Dios en su interior, se eleva hacia Él. A fin de cuentas nuestra vida es una peregrinación que comienza en el nacimiento, que dura toda la existencia, y que acaba en el momento de la muerte. La meta última es el encuentro con Dios. Antes de alcanzar dicha meta es preciso soportar las inclemencias del camino, realizar determinados sacrificios inherentes a la vida del que se desplaza. Todos estos sacrificios, privaciones y renuncias materiales preparan, en realidad, la disposición interior, espiritual, para dicho encuentro. Ahora bien, lo más admirable de todo es que en el camino se produce un triple encuentro: en primer lugar, consigo mismo; en segundo lugar con el otro y finalmente, con Dios. El peregrino renueva y confirma su fe, y en su camino descubrirá que no está solo, que hay muchas otras personas que comparten sus mismos ideales, que hay otra manera de vivir y otro sentido más elevado que vale la pena descubrir y transmitir a los demás. El hombre puede aferrarse a los bienes materiales, al poder, al placer, a los logros personales y los honores, pero al final se encontrará vacío porque está creado para la trascendencia. La verdadera felicidad y libertad es la que intenta ser coherente con la esencia de nuestro ser. Es esta búsqueda incesante la que mueve al peregrino a caminar hasta el encuentro con Aquel que puede saciar sus anhelos de trascendencia y de plenitud. La peregrinación más compleja es la espiritual o interior, la que conduce al corazón. Un viaje hacia el interior de uno mismo para dejar atrás el materialismo y la superficialidad y para encontrar respuestas a las grandes preguntas sobre el sentido de la vida; un viaje para entrar en el interior de sí mismo y encontrarse con Dios. El peregrino, además de recorrer caminos terrenos, hace la experiencia de un viaje interior en el que acabará descubriendo a Dios en su interior. Una peregrinación que han recorrido y expresado muchos santos a lo largo de la historia de la Iglesia, y que han descrito también los poetas. San Agustín recorrió una gran peregrinación interior buscando la verdad que le llevó hasta Dios, como Edith Stein quince siglos después. Alexis Carrell, premio Nobel de medicina, agnóstico, encontró la fe en una peregrinación al santuario de Lourdes. La peregrinación interior es el itinerario del espíritu que se eleva hacia Dios. Santa Teresa de Jesús lo describe con la imagen del castillo interior, que está dividido en siete mansiones o moradas, cada una de las cuales representa un escalón en el acercamiento a Dios, en el progreso de la vida de fe que concluye con la unión con Dios. San Juan de la Cruz lo describe como la subida al Monte Carmelo, un camino de ascensión que ha de recorrer el alma para alcanzar el alto estado de la perfección, la unión del alma con Dios.  

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa