¿Por qué hay que confesarse?

            Nos encontramos ya en la recta final  de la Cuaresma. Hoy es el quinto y último domingo. El próximo domingo ya entraremos en la gran semana cristiana de todo el año, la Semana Santa, la semana previa a la primera fiesta del calendario cristiano: la Pascua de nuestro Señor Jesucristo. El Evangelio de la resurrección de Lázaro –que se lee en este día- es para todos nosotros estímulo de la fe en Cristo que nos dice “Yo soy la resurrección y la vida”- y prefiguración de la misma resurrección del Señor.

             En las dos semanas precedentes he hecho referencia en este escrito a reflexiones del Papa Francisco. Hoy también lo hago. Siguiéndole, deseo hablaros de la confesión, especialmente oportuna en este último tramo cuaresmal, como preparación espiritual a la celebración de la Pascua.

            Francisco tiene un especial carisma comunicativo. No voy a descubrirlo ahora. Sabe concentraren una frase todo un tratado de teología. Es sabido lo mucho que insiste en la misericordia de Dios con sus hijos y en la actitud de misericordia que ha inspirar las actuaciones pastorales de la Iglesia y de sus servidores. Una frase muy bella del Papa ha sido ésta: “Dios no se cansa nunca de perdonar; somos nosotros lo que nos cansamos de pedirle perdón. ¡Y nunca debemos cansarnos de ir a pedirle perdón!”

            En la audiencia general en la que el Papa trató sobre la confesión, en un determinado momento, dejó de lado el texto preparado para la audiencia, y añadió improvisando: “¡Tenemos que valorar la confesión! Es un don, pero es también una curación, es una protección y también la seguridad de que Dios nos ha perdonado. ¡Y esto es hermoso!”.

             Y añadió: “Pero, padre, me da mucha vergüenza ir a decir mis pecados”. Ante esta dificultad eterna, dijo Francisco, en diálogo con la persona reacia al sacramento del perdón –y reacios a ello lo somos todos un poco o un mucho-: “Pero, mira, nuestras madres, nuestras mujeres, decían que es mejor sonrojarse una vez, que mil veces tener el color amarillo, eh? Pues bien, tú te sonrojas una vez, se te perdonan los pecados y ¡adelante!...”

“El perdón de Dios –añadió el Papa- se nos da en la Iglesia, se nos transmite a través del ministerio de un hermano nuestro, el sacerdote, el cual a su vez es un hombre que, como nosotros, tiene necesidad de la misericordia de Dios. Por ello, también los sacerdotes deben confesarse, incluso los obispos. ¡Todos somos pecadores!”. Y rubricó sus palabras espontáneas con esta confidencia muy personal sobre su vida como cristiano: “¡Incluso el Papa se confiesa cada quince días, porque el Papa es también un pecador! Y el confesor oye lo que yo le digo, me aconseja y me perdona, porque todos tenemos necesidad de este perdón.”

Estos días previos a la Pascua se facilita especialmente en las parroquias la celebración del sacramento de la reconciliación o del perdón. No dudemos en acudir a este sacramento. Una buena confesión puede ser una verdadera resurrección espiritual. Y así cumplimos con nuestra madre la Iglesia, que nos sigue recordando la necesidad de confesarse y comulgar por lo menos una vez año y precisamente por Pascua. Realmente pide poco la Iglesia. Pero no nos olvidemos de cumplirlo.

 

 

 + Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa