Predicar y, a la vez, dar trigo

Cada año, durante los tres primeros domingos del tiempo de Pascua, la lectura del Evangelio nos invita a revivir las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos. Teniendo presente la brevedad del texto deMarcos, cuyo evangelio corresponde al ciclo del año en curso, el evangelio leído este domingo tercero de Pascua está tomado del evangelista Lucas y es la continuación del relato de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús.

 

En la narración de la aparición leída este domingo encontramos dos elementos de especial relieve: la comprensión de las Escrituras a la luz de Cristo resucitado y la llamada a la misión, a dar testimonio de Cristo ante el mundo.

 

El evangelio de Lucas repite varias veces  que debían cumplirse las Escrituras. Es decir, en el misterio de muerte y resurrección de Cristo tienen su cumplimiento todas las Escrituras. A los discípulos les hace falta que el resucitado les abra los ojos para que puedan comprender. Todas las Escrituras hablan de Él. En uno de los pasajes más bellos de la exhortación apostólica de Benedicto XVI “Verbum Domini” sobre la Palabra de Dios se habla de la “Cristología de la Palabra” (V. P., nn. 11-13). A dicho apartado pertenece esta profunda afirmación: “Los cristianos han sido conscientes desde el comienzo de que, en Cristo, la palabra de Dios está presente como Persona. La Palabra de Dios es la luz verdadera que necesita el hombre. Sí, en la resurrección, el Hijo de Dios surge como luz del mundo. Ahora, viviendo con él y por él, podemos vivir en la luz” (n. 12).

 

La comprensión de las Escrituras prepara para la misión. “Vosotros sois mis testigos”. Habrá que realizar la misión con la palabra y con el testimonio de una vida nueva. Ahora corresponde a los apóstoles predicar la conversión y el perdón de los pecados, anunciar la “buena noticia” de la salvación, dar testimonio de lo que han  comprendido, de lo que han experimentado, de lo que han oído, de lo que han contemplado con sus ojos, de lo que tocaron con sus manos acerca de la Palabra de vida (cf. 1Jn 1,1-3).

 

Ahora nosotros somos los testigos de Jesucristo en esta sociedad, en nuestra Catalunya del siglo XXI. Una sociedad que vive momentos de crisis, con muchos sufrimientos y muchas necesidades materiales, pero también con muchas necesidades espirituales. Los cristianos nos esforzamos en atender tanto a las unas como a las otras. Como comunidad* de discípulos de Cristo, no podemos estar nunca satisfechos, porque el Señor nos invita a darnos y a servir. Pero también es justo reconocer que nuestras comunidades dan, en esta hora, un ejemplo muy real de solidaridad con los más afectados por la crisis. Hay un refrán, reflejo de la sabiduría popular, según el cual, “no es lo mismo predicar que dar trigo”. Y creo que nuestros cristianos y cristianas de hoy no sólo predican, sino que dan también trigo, es decir, comparten sus bienes con los necesitados.

 

Entramos en una semana con dos fiestas entrañables para los ciudadanos de nuestra tierra. El lunes es la fiesta de Sant Jordi y el viernes, la de Nuestra Señora de Montserrat. Son nuestros patronos, nuestros intercesores. Sant Jordi, “el gran mártir”, como le llamaban antiguamente, nos recuerda la misión de ser testigos e Cristo, ya que, en griego, la palabra “mártir” significa “testigo”. Santa María, Madre de Dios yMadre Nuestra, siempre nos recuerda el que ha sido llamado con razón su “testamento”: “Haced lo que Jesús os diga” (cf. Jn 2,5).

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa