Que nuestra Navidad sea Cristiana

El Adviento nos ha inducido un año más a la celebración del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Las figuras de Isaías, del Bautista y de la Virgen María nos han acompañado y nos han invitado a abrirnos a la Palabra de Dios, anunciada y creída. Ahora es el momento de celebrar la Navidad. Pero no cualquier Navidad.  Nuestra Navidad ha de ser genuinamente cristiana. Navidad es una fiesta cristiana. Celebrémosla, por tanto, como lo que es: una fiesta cristiana. Cada cristiano, cada parroquia, cada comunidad, cada familia cristiana, está invitada estos días a dar prioridad a la manifestación de su fe en la verdad de la Navidad. Esta voluntad de vivir la verdadera Navidad nos pide, en primer lugar, tener una actitud contemplativa. Santa María, la Madre del Señor, es el modelo, y lo ha sido también durante el tiempo de Adviento, como tuve ocasión de comentar el domingo pasado. Ella, que esperó al Salvador, a su hijo, "con inefable amor de madre", es también nuestro modelo para vivir en nuestro espíritu la contemplación de la verdadera dimensión de esta fiesta: "Dios ama tanto al mundo que le ha enviado a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley". Esta actitud contemplativa nos ayudará a huir de una Navidad hecha de tópicos, de superficialidad y de consumismos. Estas fiestas de Navidad tienen también una dimensión muy humana, como un fruto más del Dios hecho hombre, en el que se ha manifestado "la humanidad y la benignidad" de nuestro Salvador. Estos son días de encuentros de familia. Jesús, estos días, nos recuerda el valor de las cosas humanas, de los afectos humanos, de la familia. Navidad nos invita a vivir algo tan humano como el hecho de reencontrarnos en familia, lo que puede ser una ocasión para rehacer los vínculos rotos a lo largo del año, de reencontrarse e incluso de reconciliarse. Finalmente, pero no en último lugar, Navidad es una invitación a la solidaridad. El Niño de Belén, nacido en la pobreza y en la exclusión, nos recuerda siempre que él está sobre todo en los pobres y los excluidos de hoy y que juzgará como hecho a él mismo aquello que seamos capaces de hacer, o aquello que dejemos de hacer, a "estos hermanos suyos más pequeños". Una navidad centrada sólo en la autosatisfacción, olvidando al prójimo necesitado, sería una contradicción. Nuestro poeta Joan Salvat-Papasseit expresó esta posible contradicción con unos versos que estos días nos interpelan a todos en la conciencia: "Demà, posats a taula, oblidarem els pobres/ -i tan pobres com som-/. Jesús ja serà nat./ Ens mirarà un moment a l'hora de les postres/ i després de mirar-nos/ arrencarà a plorar." Pienso que son muchos los cristianos y las cristianas que no olvidan a los necesitados. Ni por Navidad ni durante todos los días del año. Acabo estas reflexiones de Navidad pidiendo a las personas que tienen la amabilidad de leer estos escritos dos cosas. La primera: que, aunque no sean practicantes habituales, quieran participar, estos días de Navidad, en las celebraciones de las parroquias, de las comunidades cristianas, donde serán acogidos con gozo. La segunda petición: que no dejen de vivir en familia alguna de nuestras tradiciones navideñas, sobre todo la del belén familiar. Y para todos mis diocesanos de este joven obispado de Terrassa, y para los lectores y lectoras de estos escritos, pido al Señor una santa y gozosa Navidad. +Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa