RECUERDOS DE COLONIA (3): LA CENTRALIDAD DE CRISTO

En el encuentro mundial de Colonia del mes de agosto, se ha puesto de manifiesto un rasgo muy característico del nuevo Papa, al que ya me he referido en otro escrito en que relataba la visita ad limina de este año: el énfasis con que Benedicto XVI presenta la centralidad de Cristo. Del 21 al 27 de febrero de este año, los obispos de las provincias eclesiásticas de Barcelona y de Tarragona hicimos la visita ad limina, juntamente con los obispos de la provincia eclesiástica de Santiago de Compostela. El sábado 26 de febrero mantuvimos una reunión con el que en aquellos momentos era el cardenal Joseph Ratzinger en la sede de la Congregación que presidía. Como es habitual en estas ocasiones, hubo una exposición y un coloquio posterior, en el que me llamó la atención una constante que aparecía en todas sus intervenciones y que podríamos resumir en la siguiente afirmación: lo esencial, lo verdaderamente importante en nuestra misión pastoral es propiciar en las personas una experiencia religiosa de fe profunda, un encuentro personal con Cristo, que cambie sus vidas, que les cambie el corazón. Sólo de este modo podrán asimilar la doctrina y podrán entender y vivir los preceptos morales. Me pareció un planteamiento ciertamente personalista y cristocéntrico de la vida cristiana y también de la acción pastoral. Descubrí una persona muy distinta del esteriotipo que con insistencia se ha presentado en no pocos medios de comunicación. A lo largo de estos meses he vuelto a encontrar en sus intervenciones ese mismo planteamiento de que el cristianismo no es un paquete de reglas, un pesado fardo que se carga y se lleva en el camino de la vida. Al contrario, consiste en vivir una fe sencilla, profunda y rica en Dios. Un Dios que tiene un rostro, un rostro humano, un Dios que salva, que reconcilia, que une, que vence el mal con el bien, el odio con el amor, y que da la paz. Se trata de propiciar el encuentro con Cristo que transforme la vida en estos jóvenes que se hacen preguntas, que son sensibles a las causas nobles, que son generosos cuando se requiere su solidaridad y que son receptivos cuando hacen un poco de silencio en sus vidas. Es preciso que se haga una presentación clara, que se dé un testimonio cristiano de vida, personal y comunitario, con su fuerza arrolladora cuando es auténtico, con su capacidad de vencer los prejuicios. Es preciso un anuncio de palabra explícito, personal y comunitario. Con naturalidad, sin complejos; con la serenidad y la fuerza de quien ha encontrado el sentido y el camino de su vida. Y entonces es fácil que el joven dé como respuesta la adhesión del corazón, la conversión profunda, la fascinación por Cristo, el gozo incontenible de quien ha encontrado el tesoro. Aquí es donde se comprueba que la persona ha sido evangelizada, que ha tenido un encuentro personal con Cristo. En la homilía de la misa de inicio de su pontificado, tuvo un final antológico dedicado especialmente a los jóvenes: “Quien deja entrar a Cristo en su vida no pierde nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande. Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. El no quita nada y lo da todo.” +Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa