Reinar con Cristo es servir

Con la fiesta litúrgica de Jesucristo, Rey del universo, hemos llegado al final del año cristiano. El nuevo año litúrgico, que iniciaremos el próximo domingo, primero del tiempo de Adviento, estará muy marcado por la celebración, también en nuestra diócesis, del Año de la Fe, que se clausurará precisamente en la fiesta de Cristo Rey del año próximo, 24 de noviembre de 2013.

Deseo que  sea realidad entre nosotros lo que dice el Santo Padre en el documento que da las pautas para esta celebración. Que sea un año vivido con la mirada fija en Jesucristo: “en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano” (Porta fidei, 13). La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación”.

Contemplar la muerte y la resurrección de Jesús –su misterio pascual, que es el centro del año litúrgico- ensancha el horizonte de nuestra existencia y, con toda seguridad, puede ayudarnos a encontrar respuestas o, si más no, a deshacer algunos nudos y dificultades. La entrega de Cristo hasta la muerte y su exaltación en la resurrección es, para nosotros, el centro de la historia, el hecho culminante de la historia de la salvación. Esta es la Buena Nueva, el núcleo de nuestra fe, que nos abre un camino de esperanza.  Este es el Evangelio que la Iglesia actual se esfuerza en vivir y comunicar a los hombres y mujeres de hoy y de aquí, como a los del mundo entero, como se ha puesto de relieve en la celebración del reciente Sínodo sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, celebrado el pasado octubre en Roma.

La fiesta de hoy y el reciente Sínodo nos invitan a salir nos invitan a ser “una Iglesia evangelizada y evangelizadora”. Y por ello debe ser una Iglesia que contemple siempre a Cristo porque, como decía el beato cardenal Newman –un eminente converso y pensador cristiano cuyo pensamiento influyó mucho en el Concilio Vaticano II- “la fe no es alguna cosa. La fe es Alguien. Y la fe no es alguien cualquiera. La fe es Jesucristo”.

Es muy cierto que la muerte es un misterio y que nuestra vida se encamina inexorablemente al traspaso final de la muerte y que no está exenta de dificultades y de dolor. Pero Cristo ha resucitado, ha vencido la muerte, nos abre el camino de la resurrección y nos ayuda a encontrar sentido a todas las realidades, incluso al dolor y al sufrimiento.

Esta es la Buena Nueva que llena de esperanza el corazón de los creyentes. Esta es la fe que la Iglesia confiesa y celebra en la liturgia y en la plegaria y la proclama con obras y palabras gracias al testimonio de vida de los cristianos y las cristianas que hacen realidad “una fe que actúa por la caridad”.

Desde Cristo, muerto y resucitado, se le revela al hombre el futuro que puede esperar, el camino que puede llevar a su verdadera plenitud y la garantía de que la última palabra de Dios sobre su creación no es el fracaso, la desgracia y la muerte. Y por ello, llenos de esperanza, los cristianos procuramos trabajar haciendo el bien de todos porque “reinar con Cristo es servir”.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa