Sabiduría de una tradición navideña

Un año más celebramos el nacimiento del Hijo eterno de Dios que se hace hombre para compartir nuestra vida y librarnos de todos los males. En este domingo que coincide con la celebración de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo deseo referirme a una de nuestras más entrañables tradiciones navideñas: la de construir el belén, la representación plástica del Nacimiento de Jesús en Belén, tan popular en los hogares catalanes.

Lo hago desde el recuerdo del 42º encuentro de pesebristas de Cataluña y Baleares que este año ha tenido lugar en Parets del Vallès, con ocasión del 25º aniversario de la agrupación Pesebrista de Parets. Aprovecho la ocasión para felicitar a todos los pesebristas, que mantienen viva esta tradición y la transmiten a los más jóvenes.

Esta y otras iniciativas semejantes, en nuestra diócesis y fuera de ella, creo que nos invitan a reflexionar sobre la sabiduría de nuestras tradiciones navideñas. La represtación de lo que ocurrió en Belén con figuras plásticas es siempre evocadora, y también cuando se hace con figuras humanas – lo que llamamos “pesebre viviente”-.

Es sabido que el primer belén navideño se debe a San Francisco que en Greccio y en el año 1223 quiso representar plásticamente la pobreza que rodeó el nacimiento del Salvador. Había de ser un gran santo y un auténtico poeta quien tuviera esta iniciativa, tan arraigada más tarde en Cataluña. Expresión de ello son las asociaciones promotoras de esta tradición, muy abundantes entre nosotros y muy activas, que en diversas ocasiones han organizado congresos internacionales sobre esta costumbre. La elaboración de las figuras del belén ha dado, en Cataluña, nombres como Ramon Amadeu i Damià Campeny.

Antoni Gaudí decía que la liturgia lo tenía todo previsto. Y admiraba la sabia pedagogía del culto católico en el uso de la luz, los colores, los elementos naturales –flores y frutos- puestos en el belén de cada año al servicio de la glorificación de Dios y del gozo de los humanos por sentirse tan amados de Dios. Se ha dicho que Gaudí, cuyas raíces franciscanas se ponen en evidencia en su proyecto del templo, construyó en la Sagrada Familia un monumental belén – toda la fachada del Nacimiento- para los visitantes y para todos los habitantes de la Barcelona de comienzos del siglo XX.

Invito a todos los diocesanos a mantener viva esta costumbre. Una de les leyes de la liturgia cristiana es la que se expresa en latín con estas palabras: Per visibilia ad invisibilia; es decir, por medio de lo visible, acercarnos a las realidades invisibles. Pongamos el belén, por tanto, y procuremos aprovechar todas las posibilidades que nos ofrece: la colaboración entre los distintos miembros de la familia, la contemplación de la pobreza con la que el Salvador quiso hacer su entrada en este mundo nuestro, la plegaria y la solidaridad, y sobre todo, el hecho de penetrar algo más en este misterio de amor de Dios que la Navidad actualiza.

San Francisco de Asís, en Greccio, según cuentan sus primeros biógrafos, quiso representar el Natalicio del Señor para que el misterio de la Navidad entrara por los ojos de quienes participaron en la representación del primer belén de la historia. ¡Que tengáis una santa Navidad!

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa