Sacerdotes apasionados por el Evangelio

        En este cuarto domingo de Cuaresma y vigilia de la festividad de San José se celebra el Día del Seminario, que este año tiene como lema: “Pasión por el Evangelio”. El lema y el cartel aluden a la Jornada Mundial de la Juventud  (JMJ), celebrada el pasado verano en Madrid y presidida por el Papa Benedicto XVI.

Muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada han surgido durante las Jornadas Mundiales de la Juventud, que son ciertamente ocasiones privilegiadas en las que el Espíritu Santo hace oír con fuerza su llamada. El Santo Padre Benedicto XVI, desde la JMJ de Colonia ha querido mantener, durante la jornada, encuentros con los seminaristas que asisten a ella, lo cual pone de relieve la dimensión vocacional de estas jornadas.

La JMJ es un momento privilegiado para encontrar respuestas a los grandes interrogantes de la vida. Asimismo, es un momento de gracia, especialmente propicio para hallar respuesta a los interrogantes sobre la vocación de cada joven, para percibir la llamada del Señor. Uno de los frutos más palpables de esta iniciativa pastoral pensada de cara a los jóvenes, iniciada por el beato Juan Pablo II y continuada por Benedicto XVI, son las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

El objetivo fundamental de la pastoral de juventud consiste en propiciar en el joven un encuentro con Cristo que transforme su vida, que le haga descubrir en Cristo el sentido profundo de su existencia, que le haga sentir “pasión por el Evangelio”. En segundo lugar, la pastoral de juventud tiene que ayudar a cada joven a descubrir su vocación concreta y a responder a la llamada de Dios con generosidad. La vocación universal y común a la santidad y al apostolado brota del sacramento del bautismo.  Ahora bien, dicha vocación universal y común se concreta en diversas vocaciones laicales y de especial consagración.

La pastoral vocacional es parte integrante de la pastoral juvenil; más aún, podemos decir que el espacio natural y vital de la pastoral vocacional es la pastoral juvenil, y que la pastoral juvenil sólo es completa si incorpora en su proyecto la pastoral vocacional. En este contexto, las JMJ son un momento de experiencia fuerte, de búsqueda y de hallazgo, una ocasión para formular preguntas y encontrar respuestas, para llamadas y seguimientos; es un momento propicio para las grandes opciones y los grandes compromisos. Esto no es una reflexión teórica, sino que viene confirmado por el testimonio de jóvenes que confiesan haber decidido su camino vital –su vocación- en el clima de las JMJ.

La consecuencia práctica de las anteriores reflexiones es que tanto la pastoral juvenil como la pastoral vocacional han de ser prioritarias en nuestra joven diócesis, y que corresponde ante todo al obispo diocesano impulsarlas y dedicarles personas y medios. Puedo deciros, queridos diocesanos, que esta es una de mis mayores preocupaciones, que comparto sobre todo con el obispo auxiliar y rector de nuestro Seminario Diocesano, Mons. Salvador Cristau. Somos conscientes de que, en estos dos ámbitos del servicio de la Iglesia, se juega el futuro de la fe y de la vida cristiana en nuestra Iglesia diocesana.

Os pido, en este día, que recéis y ayudéis materialmente, en la medida de vuestras posibilidades, a nuestro Seminario, - Mayor y Menor- donde se preparan los futuros sacerdotes de nuestra diócesis. El Señor bendice nuestros desvelos en este sentido y estamos llenos de esperanza ante las vocaciones sacerdotales que surgen en nuestra diócesis. Pero es necesario proseguir en este esfuerzo, en especial en el seno de las familias cristianas. Gracias a todos por vuestra solidaridad con nuestro Seminario.

             

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa