Semana Santa: “Eterna es su misericordia”

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

Con el domingo de Ramos entramos en la Semana Santa del Año Jubilar. Y pienso que puede ayudarnos a vivir estos días de gracia el comentario que hace el papa Francisco sobre el salmo 136, llamado el “gran Hallel”, que se cantaba en las fiestas litúrgicas más importantes del pueblo de Israel. Este salmo resume toda la historia de la salvación, que está reseñada y testimoniada en el Antiguo Testamento y se cantaba tradicionalmente al final de la cena pascual judía.  “Eterna es su misericordia”: es el estribillo que acompaña cada verso de este salmo mientras se narra la historia de la revelación de Dios.

Antes de la Pasión Jesús oró con este Salmo de la misericordia al celebrar la última Pascua con los discípulos. A ello, en efecto, parece aludir la anotación de los evangelistas: «Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos» (Mt 26,30; Mc 14,26). El Papa destaca que mientras Jesús instituía la Eucaristía, como memorial perenne de él mismo y de su Pascua, puso simbólicamente a la luz de la misericordia este acto supremo de la Revelación. Y añade que “en este mismo horizonte de la misericordia, Jesús vivió su pasión y muerte, consciente del gran misterio del amor de Dios que se habría de cumplir en la cruz. Saber que Jesús mismo hizo oración con este Salmo, lo hace para nosotros los cristianos aún más importante y nos compromete a incorporar este estribillo en nuestra oración de alabanza cotidiana: ‘Eterna es su misericordia’”(MV 7).

Entremos en los días santos del Año Santo con un sentimiento de gratitud a Dios Padre, que «tanto amó al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Reflexionemos, pues, sobre el amor de Dios, sobre su plan de salvación, meditemos cómo al llegar la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hace hombre para dar la vida por la salvación de cada uno de nosotros. Contemplemos que en el misterio eucarístico se entrega como alimento, como pan para hacernos partícipes en una Nueva Alianza que nos hace hijos. Misterio de amor y de solidaridad “porque es eterna su misericordia”

Vivamos estos días santos contemplando cómo en Cristo podemos ver i tocar el amor del Padre. Como ama el Padre, así están llamados a amar los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos llamados a ser misericordiosos los unos con los otros. “Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús –dice el Papa en. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión” (MV 8).

Sabemos muy bien que esta es una exigencia que nos desborda, pero el mismo amor de Dios en nosotros nos invita a no desanimarnos por nuestra incapacidad de cumplir plenamente estas exigencias, tanto en lo personal, como en lo comunitario y eclesial. Somos limitados y pecadores, pero somos amados por Dios y Cristo nos ha reconciliado con el Padre y nos ha enviado el Espíritu que puede llegar allí donde nosotros solos no llegamos. Él nos ayuda a vivir en el convencimiento de que “la credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo” (MV 10) que estos próximos días contemplamos en Cristo.

+ Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa