Solidaridad contra el hambre

            En este segundo domingo de febrero se realiza la colecta de la Campaña contra el Hambre en el mundo, que lleva a cabo la organización no gubernamental “Manos Unidas”, vinculada a la Iglesia Católica. El lema escogido para este año es: “Luchamos contra la pobreza. ¿Te apuntas?” Se trata de motivar a la sociedad en general y a las instituciones públicas, a los medios de comunicación y a las empresas para que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad en la erradicación de la pobreza.

 

            Manos Unidas denuncia las causas de la pobreza y pone en marcha acciones concretas en el campo del desarrollo especialmente en los ámbitos de la alimentación, la educación, la sanidad y la promoción de la mujer. Asimismo, esta nueva campaña recoge el trabajo realizado durante los últimos ocho años en el marco de los Objetivos del Desarrollo del Milenio, promovido por la ONU. Hay que reconocer que estos objetivos han supuesto avances significativos, pero todavía queda mucho por hacer.

 

He aquí algunos ejemplos de lo que se ha conseguido: Se ha reducido a la mitad el número de personas que viven en condiciones de pobreza extrema, pero una de cada nueve sigue padeciendo hambre; más de dos mil millones de personas han conseguido acceder al agua potable. Prácticamente, se ha conseguido la igualdad en la educación primaria; no obstante, todavía más de 50 millones de niños y niñas siguen sin tener acceso a la escuela.

 

He tomado estos datos de la documentación de la actual campaña de Manos Unidas. Haciéndose eco de las palabras del Papa Francisco, Manos Unidas nos invita a trabajar, con actuaciones concretas, a favor de un modelo de sociedad que no “descarte”, que no excluya a los desfavorecidos, a los más empobrecidos, a los menos dotados.

 

Por mi parte, deseo añadir esta invitación a la solidaridad como una exigencia derivada de la fe cristiana. El encuentro con  Cristo nos ha de abrir a la solidaridad. La unión del Hijo de Dios con cada ser humano hace que pueda decir: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). No se trata de un sentimiento superficial  y pasajero al contemplar el mal ajeno. Se trata de una actitud moral y social, de una virtud que llamamos solidaridad. Esta Campaña nos invita a ser solidarios en la lucha contra el hambre.

 

Para vivir esa actitud, para ejercitar esa virtud, es imprescindible reconocer al otro como persona, sentirse responsable de los más débiles y estar dispuestos a compartir los bienes con ellos. Al hacerlo, en la medida de las posibilidades de cada persona o de cada institución, prolongamos la máxima expresión de solidaridad, que es la vida y el misterio de Jesús de Nazaret. Él es la Palabra eterna de Dios que se encarnó y habitó entre nosotros, asumiendo una naturaleza en todo igual a la nuestra excepto en el pecado. Y que, con hechos y con palabras, nos enseñó que Dios es Padre y que todos hemos de vivir como hermanos.

 

 Por eso, un año más, en estos comienzos de febrero, os invito a secundar la campaña de “Manos Unidas” ayudándola en su lucha contra el hambre en el mundo.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa