«Tratad a los demás como queréis que ellos os traten» (07/07/2019)

         En este primer domingo de julio celebramos la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. El lema de este año dice así: «No hagas a nadie lo que tú aborreces». Se inspira en una recomendación de Jesús, -«tratad a los demás como queréis que ellos os traten»-, que se encuentra en el capítulo 6 del evangelio de san Lucas, en el centro de un fragmento que trata sobre la misericordia y el amor a los enemigos. Comportarse con los demás como queremos que los demás se comporten con nosotros es un buen criterio de actuación para las relaciones interpersonales; un criterio realista y razonable, que ciertamente resulta muy práctico y eficaz para la convivencia humana.

 

          Las relaciones humanas se realizan en gran medida a través de la reciprocidad, que es la acción de corresponder a otra persona, de dar y recibir, de intercambiar bienes y servicios. Los vínculos personales, familiares, profesionales, económicos, políticos, etc., se desarrollan según los intercambios que se llevan a cabo. En la relación entre los esposos y en todos los ámbitos de la relación de familia, las personas intercambian sobre todo sentimientos y amor; en el mundo del trabajo tiene lugar principalmente un intercambio de bienes; algo parecido se puede decir respecto a las relaciones entre empresas, instituciones y administraciones; por último, en el ámbito de las relaciones internacionales también existen mecanismos y prácticas de reciprocidad.

 

          La reciprocidad es un valor social que ayuda al crecimiento personal y que de alguna manera oxigena las relaciones humanas e institucionales, porque se generan beneficios para todas las partes. Ahora bien, para que lleguen a buen puerto las relaciones entre personas e instituciones es necesaria la inteligencia social, que es la capacidad para relacionarse con los demás de manera armoniosa, pacífica y constructiva. La buena relación ayuda a comunicarse de manera efectiva, a saber gestionar las emociones y a obtener  buenos resultados en las diferentes interacciones sociales. No hay que olvidar que cuando nacemos, dependemos absolutamente del trato y el cuidado que nos brinda nuestra madre; necesitamos alimentos y atención, pero también afecto y proximidad, y esa necesidad dura toda la vida.

 

          La inteligencia social nos ayuda a tener en cuenta al otro y a no guiarnos únicamente por nuestro interés personal; también a moderar el afán de poder y a ser más solidarios y conscientes de la pertenencia a un grupo humano concreto; por otra parte, eleva la autoestima porque hace que la persona se sienta aceptada y valorada y eso le hace sentirse también más segura de sí misma. Este factor de inteligencia lleva a implicarse activamente en los diferentes ámbitos de la sociedad, a desarrollar el sentido de comunidad, a interesarse no sólo por sí mismo, sino también por las causas nobles en todos los ambientes de los que se forma parte, por la historia pasada y por el futuro que vendrá, y por mejorar el mundo desde una actitud solidaria.

 

          Jesús nos enseña a tratar a los demás como queremos que ellos nos traten. Pero también nos motiva para ir más allá,  para llegar a amar incluso a los enemigos, para hacer el bien a los que nos odian, bendecir a los que nos maldicen, orar por los que nos injurian, perdonar siempre, ser compasivos como nuestro Padre celestial es compasivo. Jesús enseña no sólo a cumplir con el principio de la reciprocidad, de la justicia en las relaciones con los otros, sino que también ayuda a vivir las relaciones con los demás desde la perspectiva de la misericordia, a ser siempre  benignos e indulgentes, ofreciendo misericordia y descubriendo la verdadera alegría en el compartir con generosidad.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa