Un curso marcado por la evangelización

      Cuando se reemprenden las actividades en las parroquias, comunidades, movimientos y demás instituciones eclesiales, en esta comunicación deseo invitar a los diocesanos a realizar lo que indica nuestro Plan Pastoral Diocesano, aprobado el año pasado y que tiene una vigencia de tres años. El Plan Pastoral tiene como título “Enviados a anunciar la Buena Nueva”. Este anuncio –con hechos y palabras- de la Buena Nueva, esta evangelización, es un proceso que abarca toda la realidad humana. Consiste en llevar la Buena noticia de Jesucristo a todos los ambientes y comporta la transformación de la humanidad mediante la transformación – y la conversión- de cada persona.

     Ahora bien, ¿cuál es la Buena Nueva que queremos anunciar? Sin duda es la gozosa noticia de que Dios es Padre, de que Dios nos ama, que nos ha enviado a su Hijo para salvarnos, que nos llama a vivir como una familia en la Iglesia, que por medio de la acción del Espíritu Santo nos transforma y nos vivifica, nos da un corazón de carne para sentirnos prójimo de todos, en especial de quienes más sufren en este mundo nuestro en el que, a pesar de los grandes avances tecnológicos, hay también mucho sufrimiento. La crisis económica actual nos lo confirma.

     Evangelizar significa llevar a nuestras personas y a las personas de quienes quieran escuchar nuestro testimonio al reconocimiento de que Nuestro Señor Jesucristo  es la culminación de la historia humana, el centro de la humanidad y de cada persona y que, desde la unión con Él y con los hermanos, estamos llamados a transformar la historia humana, o al menos a dejar el mundo algo más humano y más justo cuando nos llegue la hora de marcharnos de él.

     Como miembros de la Iglesia que somos, compartimos las dificultades y las esperanzas de la humanidad de la que formamos parte. Y la razón de ser de la Iglesia es ser instrumento –sacramento, en lenguaje teológico- de Cristo. Como nos recordó Benedicto XVI en su reciente viaje apostólico a Barcelona, “la Iglesia no tiene consistencia por sí misma: está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato”.

     No olvidemos este proyecto de trabajo conjunto de nuestra diócesis, que cada párroco y cada comunidad cristiana está llamada a vivir de acuerdo con sus necesidades y su propia creatividad apostólica y misionera. Recuerdo a todos que se trata de un marco amplio y fundamental, que no hace más que proponer las tres grandes acciones de la Iglesia. El anuncio del Evangelio en medio de nuestro mundo; la comunión eclesial centrada sobre todo en la eucaristía y los demás sacramentos y la vida comunitaria, en especial en la solidaridad con los más necesitados, fomentando la incorporación de los inmigrantes y la atención a los enfermos en sus casas y en los hospitales.

     Esta preocupación por la evangelización la hemos de vivir en sintonía con toda la Iglesia. Recordemos que el mes de octubre del 2012, en Roma, se reunirá el Sínodo de los Obispos que en esta ocasión estará dedicado precisamente al tema de “la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. 

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa