Un dilema de nuestro tiempo

      Del 3 al 5 del pasado octubre se celebró en Barcelona y en otras ciudades de Cataluña, entre las cuales estaba Terrassa, el XXV Encuentro Internacional de Plegaria por la Paz, organizado por la Comunidad de Sant’Egidio y el arzobispado de Barcelona. Como es sabido, esta asociación de fieles laicos, fundada en 1968 en Roma por el profesor Andrea Riccardi, y actualmente presente en más de 70 países de todo el mundo, ha hecho suyo y trabaja para dar continuidad al llamado “espíritu de Asís”, nacido de aquel  encuentro interreligioso convocado por Juan Pablo II en 1986 en la ciudad en que nació San Francisco.

      El lema de este Encuentro fue “Convivir en un tiempo de crisis. Familia de los pueblos, familia de Dios”. En el curso de este encuentro se expuso este dilema: en el actual mundo globalizado, o se convive o se hace la guerra. No es en modo alguno un dilema ficticio. El fenómeno de la globalización y las migraciones ha producido que sociedades relativamente homogéneas, tanto en lo cultural como en lo religioso, se hayan convertido en sociedades mucho más pluralistas en todos los órdenes. La nuestra es una de ellas, como está a la vista de cualquier observador. No es un dilema ficticio ni para nosotros ni para muchos otros países de Europa, en los que la convivencia de distintas etnias, culturas, lenguas y religiones está suscitando algunos problemas graves.

     Del Encuentro interreligioso celebrado en nuestra tierra surgió un mensaje de esperanza. Podemos convivir. Y las religiones, si va cada una a sus raíces, no pueden dejar de encontrar en ellas un mensaje de compasión, de respeto y de paz. La paz, se dijo también, es el nombre de Dios.

     Deseo hacerme eco de esta esperanza al comenzar los cristianos el tiempo de Adviento. Dentro de pocas semanas, comenzaremos la segunda década del siglo XXI. Si la primera década, en buena parte del panorama internacional,  ha estado marcada por el conflicto, la contraposición y la guerra. En este Encuentro interreligioso surgió una y otra vez la esperanza de que la próxima década sea una década de respeto, de convivencia y de paz.

     También se dijo que esto puede parecer un buen deseo, una utopía y en el fondo una ingenuidad. Para algunos, puede que lo sea. Para un espíritu auténticamente religioso no puede serlo. Porque un creyente sabe que Dios no ha abandonado este mundo creado por él.

     Y como que los cristianos estamos ya en el Adviento, tiempo de expectación y de esperanza del Dios que viene a la humanidad, pido a todos el compromiso de la plegaria por esta intención. La que se llamó la “fuerza débil” de la plegaria puede hacer posible estos buenos deseos para la década próxima. El profeta Isaías también es utópico cuando, en la liturgia de hoy, nos invita a esperar que “pueblos numerosos, de las espadas forjarán arados, y de las lanzas podaderas”.

     Como decía el mensaje enviado por el Papa al Encuentro, “en la plegaria se nos da la posibilidad de aprender el lenguaje de la paz y el respeto, fortaleciendo esa semilla de paz que el mismo Dios ha sembrado en el corazón de los hombres, y que, constituye, por encima de diferencias de razas, culturas y religiones, el anhelo más profundo del ser humano”. La oración nos dará la fuerza espiritual para no dejarnos vencer por las dificultades y sacar las consecuencias del hecho de que todos los hombres formamos una sola familia humana.  

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa