Un nuevo curso comienza (01/09/2019)

Nos disponemos a comenzar un nuevo curso pastoral después del necesario y merecido descanso estival. En el horizonte se abre un nuevo período de vida y actividad pastoral que debemos reemprender con ilusión renovada, con la confianza puesta en el Señor. Somos conscientes de la primacía de la gracia en nuestra acción evangelizadora, de que “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles;  si el Señor no guarda la ciudad,  en vano vigilan los centinelas” (Sal 127, 1); pero somos igualmente conscientes de que el Señor quiere nuestra colaboración.

 

            Comienzo esta primera carta dominical de septiembre recordando que nos encontramos en el segundo curso de aplicación del actual plan pastoral diocesano 2018-2023: “Una Iglesia al encuentro de la persona”. Las acciones que corresponde llevar a cabo este curso 22019-2020 se refieren, como siempre, al triple ministerio de la Iglesia, a los  ámbitos de la palabra, la celebración y la acción caritativa i social, y también a la comunión eclesial. La primera consiste en Crear un espacio de formación permanente para los sacerdotes y también para los diáconos con temas diversos sobre la nueva evangelización.  La segunda acción pastoral, relacionada también con la primera es Organizar cursos de formación para laicos para la distribución de la Sagrada Comunión, y també para la proclamación de la Palabra y la animación musical. La tercera se refiere al ámbito de la acción caritativa y social y es Crear equipos para la integración de los inmigrantes y recién llegados en las parroquias y comunidades y preparar materiales adecuados. Y finalmente para mejorar la coordinación pastoral la cuarta acción será Optimizar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías a través de una mayor coordinación diocesana y para la proyección de la Iglesia.

 

Quiero referirme en particular al objetivo de la creación de equipos para la integración de inmigrantes y la acogida de recién llegados. Durante el mes de julio tuve ocasión de reunirme con diferentes equipos arciprestales de Cáritas. Una constante preocupación era la realidad de las familias que llegan de diferentes lugares en busca de una vida digna, sobre todo actualmente, las procedentes especialmente de Venezuela. Según estimaciones de la ONU, se ha producido un éxodo de unos cuatro millones de personas de este país. Unos son refugiados, y otros huyen de situaciones de violencia y de pobreza extrema. Como cristianos, estamos llamados a dar una respuesta solidaria. Las personas más necesitadas han de ser siempre la prioridad de nuestras comunidades.

La Doctrina Social de la Iglesia es clara y contundente, y los Papas nos han dado orientación a través de su magisterio. San Juan Pablo II señaló la opción preferencial por los pobres como una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia, y que es responsabilidad de cada cristiano y de la comunidad. El papa Benedicto nos enseña que «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza» (cf. 2Cor 8,9). Finalmente, el papa Francisco plantea la inclusión social de los pobres,  la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad desecha y llega a descartar, hasta el punto de afirmar que quiere una «Iglesia pobre para los pobres».

Un nuevo curso comienza. Dispongámonos pues a trabajar con generosidad para alcanzar estos objetivos. Conscientes de nuestra pobreza y pequeñez. Conscientes también de la gracia del Señor, que no nos faltará en ningún  momento, Nos encomendamos una vez más a la María, Madre de Misericordia,  Mare de Déu de la Salut.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa