Un tiempo libre educativo. 

Actualmente el tiempo libre de nuestros niños y jóvenes es un verdadero problema. Los padres y educadores son bien conscientes de ello y no hace falta insistir en esta dificultad con algunos hechos de actualidad y de crónica social que están en la mente de todos.
    La cuestión esencial es cómo lograr que el tiempo libre, el tiempo de descanso, de esparcimiento y de diversión -sin dejar de ser un tiempo divertido- sea también un tiempo para la formación. O por lo menos no sea un tiempo deseducativo. Entendemos por educación en el tiempo libre todas aquellas iniciativas que se sitúan fuera de la enseñanza reglada y del ámbito familiar. Su función pedagógica consiste sobre todo en la transmisión de valores mediante unas actividades agradables pero que colaboran a la educación integral de los niños y de los jóvenes.
    La educación en el tiempo libre y mediante el tiempo libre no consiste sólo en divertir o entretener a los niños y jóvenes. Es preciso situar esas actividades en la perspectiva de una visión integral de la persona. Se trata de vivir el esparcimiento con un sentido y en un clima educativo. Todas las actividades han de complementarse y ponerse al servicio del proceso educativo: desde el juego al aprendizaje, desde el trabajo a la plegaria, desde el descubrimiento de la naturaleza hasta la fiesta, desde el deporte hasta la aventura.
    La educación en el esparcimiento ha dado lugar, entre nosotros, a múltiples iniciativas en el pasado y también en el presente. La Iglesia ha cuidado este aspecto y sigue llevando a cabo numerosas iniciativas. Tanto durante las vacaciones como durante el curso, la Iglesia organiza –juntamente con otras instituciones- colonias de vacaciones con diversas modalidades, centros de verano (casals), centros de tiempo libre (esplais), grupos de escultismo, campamentos, campos de trabajo, así como actividades extraescolares y deportes.
    En nuestra diócesis de Terrassa está presente la Fundació Pere Tarrés, con numerosas actividades, el Moviment de Centres d'Esplais Cristians (MCEC), el Moviment d'Escoltes i Guies Sant Jordi y numerosos centros infantiles y juveniles promovidos por parroquias, colegios y asociaciones cristianas diversas. Casi todas estas actividades son posibles gracias a la colaboración desinteresada de numerosos jóvenes monitores y monitoras, a los que deseo agradecer públicamente su colaboración. También tenemos el Moviment Infantil i Juvenil d'Acció Catòlica (MIJAC), que igualmente cuida de los aspectos a los que me refiero en este escrito. Sería bueno poder recuperar -con las adaptaciones que imponga nuestro tiempo- el espíritu de los oratorios festivos, en el estilo de san Felipe Neri, de san Carlos Borromeo, de san Juan Bosco y de tantos educadores y fundadores y fundadoras de congregaciones religiosas.
    Creo que en general se cuida la dimensión educativa de todas estas iniciativas. Pero a veces existe el peligro de que la dimensión de la fe acabe siendo discretamente olvidada. Cierto es que, como nos dijo Juan Pablo II en su último viaje a España, "la fe se propone, pero no se impone". No hemos de imponer esa dimensión de fe, pero tampoco hemos de olvidarla. Si nuestra propuesta cristiana del tiempo libre no incluye la vivencia de la fe, nuestra propuesta de formación integral a niños y jóvenes nunca será completa.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa