Un tiempo oportuno para ser cristianos

Cuando llega la mitad del mes de septiembre, el calendario marca un retorno a la vida normal, pasado ya el periodo estival. El inicio del curso escolar condiciona para muchas familias este retorno a la normalidad de la vida de cada día. Un nuevo curso escolar nos invita a pensar también en el que podemos llamar un nuevo curso pastoral; es decir, las actividades normales de las parroquias y otras instituciones cristianas. Quisiera ofrecer unas reflexiones sobre este nuevo curso en las actividades de la Iglesia.

      La primera de estas reflexiones es una invitación a comenzar el curso con la moral alta. En las competiciones deportivas tener la moral alta dicen que tiene mucha importancia. Negativamente, se dice que iniciar una prueba deportiva con una moral de derrota equivale a darla casi por perdida.

      ¿Con qué moral –utilizando este término en el sentido explicado- hemos de comenzar el curso pastoral los cristianos de la diócesis de Terrassa? Mi respuesta está inspirada en un pensamiento del profesor Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de SanEgidio, en uno de sus últimos libros. Me llamó la atención el título que da a uno de los apartados de su obra. Dice así: “Un tiempo oportuno para ser cristianos”.

      No se puede negar que es una afirmación provocadora. Es bueno que nos invite a reflexionar como cristianos. Pido a quienes puedan leer o escuchar estas reflexiones que se lo quieran preguntar y que reflexionen sobre la respuesta que hayan dado a esta pregunta. Personalmente, me ha gustado la respuesta  que da este seglar, todavía relativamente joven y profesor de historia en una universidad de Roma.

     “La Iglesia –escribe este profesor- se presenta hoy al mismo tiempo débil y fuerte, y sobre todo nada incómoda en un tiempo no cristiano, que es, sin embargo, un tiempo oportuno para ser cristianos”. Dice que es un tiempo no cristiano porque, sociológicamente, no es un tiempo de predominio cristiano y de aceptación de la fe en el ámbito social. Sin duda vivimos un tiempo de pluralismo religioso y cultural, de laicidad –cuando no de puro y duro laicismo- y de secularidad, un tiempo en el cual muchos viven como si Dios no existiese.

     Pero a la vez este tiempo nuestro es un momento oportuno y bueno para ser cristianos. “El siglo XX –dice Riccardi-,  sobre todo con la proclamación de la Dei Verbum del Concilio Vaticano II, ha sido el siglo del reencuentro de la Palabra de Dios. La fuerza de la comunidad cristiana se descubre en la escuela cotidiana de la Palabra de Dios. Hemos de dejar crecer la Palabra de Dios en el corazón de nuestras comunidades y en nuestros corazones”.

     La Iglesia ha de entrar en el tercer milenio no con actitud arrogante, pero tampoco con una actitud acomplejada y desorientada, como si reconociese su derrota, el hecho de haber sido como expulsada de la historia. No, los cristianos no nos hemos marchado de la historia. No estamos fuera del mundo. Nuestro lugar –el lugar de la Iglesia- es estar a los pies del Señor, escuchando su Palabra, como María, y a la vez trabajando como Marta al servicio de nuestros hermanos y hermanas. Es decir, que nuestras comunidades ofrezcan un espacio de silencio, de reencuentro de las personas consigo y con Dios. Y al mismo tiempo un espacio de reencuentro con los demás, un espacio de fraternidad y de solidaridad con todos, y de una manera preferente con los más pobres y más débiles de nuestra sociedad.

     San Pablo veía la presencia de Dios en la fuerza débil del Evangelio y de la Iglesia. También nuestros tiempos de fragilidad de la Iglesia son buenos tiempos para ser cristianos. Porque, como dice el mismo Pablo (1 Co 1,25), “lo que parece débil en la obra de Dios es más fuerte que los hombres”. 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa   

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa