UNA FAMILIA

Hace unas semanas visité a un sacerdote que había cumplido en aquellos días 88 años y 60 años de sacerdocio en este año 2004. Seguramente es el decano de nuestro presbiterio.

Durante la comida me explicó que la foto de mi toma de posesión en Terrassa que publicó en portada Cataluña Cristiana, en la cual –una vez acabada la celebración- yo cogía con las manos el rostro de mi anciana madre, revelaba un amor profundo y tierno del Sr. Obispo hacia su madre.

Este sacerdote había comentado a los compañeros el deseo de que ojalá el Sr. Obispo quisiera a los sacerdotes de la diócesis con el mismo amor que a su madre. El obispo respondió que lo intentaría y que pedía la ayuda de los sacerdotes para conseguirlo, para conseguir entre todos que el presbiterio diocesano sea de verdad una familia.

Celebramos estos días la fiesta de la Sagrada Familia. Contemplamos el misterio de Cristo, que vivió en el seno de una familia. Contemplamos a la sagrada familia de Nazaret –Jesús, María y José- como paradigma de familia.

Tiempos extraños y confusos los que nos toca vivir en cuanto a la concepción de la institución familiar. Tiempos en los que conviene defender las funciones paterna y materna como elementos insustituibles para una educación y un desarrollo integral y armónico de los hijos. Tiempos en los que hay que volver a las fuentes, a las esencias, a los valores duraderos de la familia. Tiempos en que urge recordar el derecho y el deber de la familia en la educación. La comunidad familiar es el clima más adecuado para un crecimiento y maduración personales.

La raíz profunda del derecho y del deber de los padres en la educación de los hijos se encuentra precisamente en el hecho de que los padres han colaborado en la obra creadora de Dios engendrando un nuevo ser como fruto de su amor mutuo. En consecuencia, padre y madre a través de su amor paterno y materno deben propiciar el clima familiar que permita un desarrollo integral en la relación con Dios, con las personas, con la sociedad y con la creación misma.

Tiempos difíciles en el ámbito de la educación. Dificultades de todo tipo que provocan en ocasiones el abandono y una especie de delegación de los deberes educativos en diferentes instancias que ciertamente son complementarias –escuela, parroquia, tiempo libre...- pero que no pueden cubrir el espacio educativo que corresponde al ámbito familiar. Y todavía estamos de suerte si no se delega en la televisión o en internet. Bien al contrario, los padres han de perder mucho tiempo, es decir, dedicar mucho tiempo a jugar con los hijos, dialogar con ellos, enseñarles a rezar, compartir el máximo tiempo posible. Ese tiempo será el más rentable, el mejor empleado sin duda. Así los podrán educar en los valores fundamentales, en el amor, en la justicia, en la libertad, en la solidaridad, en el autocontrol y en la austeridad en una época tan dominada por el consumismo.

En estos días de las fiestas navideñas en que seguramente dispondremos de un poco más de tiempo libre, a ver si practicamos las virtudes propias de la relación familiar: amor, espíritu de servicio, diálogo, paciencia, humildad, perdón, confianza.... Pido a Dios por todas las familias de la diócesis, para que sean comunidades de amor y de diálogo, pido a Dios por nuestro presbiterio diocesano, para que lleguemos a conformar una auténtica familia.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa