Una fiesta de la fe

Dentro de un mes celebraremos ya los días de acogida en nuestra diócesis de jóvenes de diversos países del mundo, en camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que se celebrará en Madrid del 16 al 21 de agosto bajo la presidencia del Papa Benedicto XVI. Nuestra diócesis, a través de la Delegación de Pastoral de Juventud, ha preparado diversos actos para esta acogida que tendrán su momento culminante en la celebración eucarística para todos los jóvenes acogidos en nuestra catedral el domingo 14 de agosto.

 

Al acercarse este acontecimiento, creo oportuno recordar su finalidad, porque esto ha de inspirar nuestra manera de prepararlo y de llevarlo a cabo. El beato Juan Pablo II, en mayo de 1996, envió una preciosa carta al seminario de estudio sobre las Jornadas mundiales de la Juventud celebrado en el santuario de Jasna Góra, en Czestochowa. En dicha carta expresa con toda claridad la finalidad de las JMJ: “La finalidad principal de las JMJ –afirma- es la de colocar a Jesucristo en el centro de la fe y de la vida de cada joven, para que sea el punto de referencia constante y la luz verdadera de cada iniciativa y de la tarea educativa de las nuevas generaciones. Las JMJ son una invitación a fundamentar la vida y la fe sobre la roca que es Cristo”.

 

El lema de la próxima JMJ la sitúa muy claramente e esta finalidad, pues dice así: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Colosenses 2,7). Con el paso de los años ha quedado  que estas Jornadas de la Juventud son unos acontecimientos providenciales y unas ocasiones propicias para que los jóvenes profesen y proclamen su fe en Cristo cada vez cada vez con mayor alegría. Las JMJ se pueden definir como una “fiesta de la fe”, como una fiesta de la fe para los jóvenes.

 

Encontramos tres características en las JMJs que son: la alegría, el encuentro fraternal y el entusiasmo de la fe. En primer lugar, la alegría, profunda y expansiva, el gozo espiritual, que es un don de Dios. Benedicto XVI lo expresó así: “Parte integrante de la fiesta es la alegría. La fiesta se puede organizar, la alegría no… La alegría es un don que contiene todos los demás. Es expresión de felicidad. Forma parte de la alegría el hecho de expandirse, irradiarse, comunicarse. El espíritu misionero de la Iglesia no es otra cosa que el impulso de comunicar la alegría que nos ha sido dada”.

 

En segundo lugar, la JMJ es un encuentro fraternal. Son días en que los jóvenes comparten la celebración de la eucaristía, la plegaria, el intercambio, el diálogo… En este clima se crean vínculos de fraternidad amplios y profundos, que además de ser una expresión de la fe, son también un servicio a toda la sociedad y a la causa de la paz y la convivencia entre todos los pueblos.

 

Y en tercer lugar, el entusiasmo. El encuentro con Cristo y con los hermanos que estos días se vive se puede comparar con la perla preciosa de la que habla el Evangelio. El joven entusiasmado será capaz de dar testimonio de Cristo y del Evangelio. Ayudará al joven a expresarse con valentía, con libertad de espíritu y sin miedo, a ser valiente en su relación con los demás, siempre al servicio de la verdad y del bien.

 

Los jóvenes pueden percatarse de que los cristianos no están solos, ni en una situación de decadencia y como de liquidación. Por el contrario, pueden constatar que la Iglesia católica es la institución que reúne a más jóvenes. Esto es particularmente importante para aquellos jóvenes provenientes de países en los que la Iglesia es minoritaria o perseguida, o de ambientes donde es ridiculizada. Este encuentro les confirma en la fe y les ayuda a dar razón de la esperanza.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa