Valorar la misión de los sacerdotes

      Benedicto XVI ha convocado un ”Año Sacerdotal” con ocasión del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney (1786-1859), conocido en todo el mundo como “el santo cura de Ars”, al que el Papa proclamará patrono de todos los sacerdotes del mundo.

      A nadie se le oculta la intención del Papa al proponer a la Iglesia este “Año Sacerdotal”: se trata de revalorizar el sacerdocio ministerial, que se distingue del sacerdocio bautismal, también llamado “sacerdocio común”, del que participan todos los bautizados.

     En el discurso que pronunció el 16 de marzo pasado, el Papa fue muy claro en expresar los objetivos de esta especial conmemoración sacerdotal. No voy a entrar ahora en las iniciativas que se vayan a promover desde Roma o desde las Iglesias particulares. Tiempo habrá para referirse a este aspecto. Lo que ahora nos interesa es acercarnos a los deseos del Papa al proponer esta iniciativa.

     Benedicto XVI explicó en el discurso que he citado  que “la gran tradición eclesial con razón ha desvinculado la eficacia sacramental de la situación existencial concreta del sacerdote; así se salvaguardan adecuadamente las legítimas expectativas de los fieles”. Dicho llanamente, la eficacia de los sacramentos en quienes los reciben no depende del grado de santidad del sacerdote que los administra. Pero –como advertía el Santo Padre- “esta correcta precisión doctrinal nada quita a la necesaria, más aún, indispensable tensión hacia la perfección moral que debe existir en todo corazón auténticamente sacerdotal”.

     El Papa explicó que precisamente por esto ha convocado este “Año Sacerdotal” que ha inaugurado él mismo el día 19 de junio y que se prolongará hasta la misma fecha del año 2010. La misión del sacerdote es sobre todo “eclesial”, porque el sacerdote no se anuncia o se propone a sí mismo a la comunidad, sino que está llamado a llevar a ésta, dentro y a través de su propia humanidad a Otro, a Dios mismo. “Dios –dijo Benedicto XVI en frase lapidaria- es la única riqueza que, en definitiva, los hombres desean encontrar en un sacerdote”. “Como Iglesia y como sacerdotes –subrayaba el Papa- anunciamos a Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, crucificado y resucitado, Soberano del tiempo y de la historia, con la alegre certeza de que esta verdad coincide con las expectativas más profundas del corazón humano”.

       La centralidad de Cristo comporta la correcta valoración del sacerdocio ministerial, de la misión de los sacerdotes en la Iglesia. Todo obispo es muy consciente de que una de sus más graves responsabilidades en la actualidad es hacer todo lo que esté en su mano para que en el futuro las comunidades cristianas puedan disponer de los sacerdotes necesarios para el mantenimiento de su vitalidad espiritual y para la realización de sus diversas actividades al servicio del mundo. Y puedo afirmar que esta responsabilidad la siento vivamente tanto como responsable de la vida cristiana en nuestra joven diócesis de Terrassa como por el cargo –que siempre comporta una nueva carga- que mis hermanos obispos han puesto sobre mis espaldas  al confiarme la responsabilidad de velar por la correcta formación de los futuros sacerdotes en nuestros seminarios.  

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa