Visita de las reliquias de Santa Bernadette a la diócesis (03/11/19)

Remad mar adentro

Visita de las reliquias de Santa Bernadette a la diócesis (03/11/19)

 

            Uno de los momentos más entrañable para mi cada vez que tengo ocasión de presidir la peregrinación de enfermos a Lourdes es poder estar en la gruta de Masabielle, celebrando la Eucaristía primero y saludando después uno a uno los enfermos y sus acompañantes, interesándose por sus vidas y las situaciones que sufren. Allí, precisamente en aquel lugar del Pirineo francés, en aquella cueva, una muchacha joven tuvo un encuentro especial con la Virgen María a través de diversas apariciones entre los días 11 de febrero y 16 de julio de 1858.

 

            A lo largo de las diversas apariciones aquella “Dama vestida de blanco”, como la llamaba Bernadette, le confió diversos mensajes que ella transmitió en primer lugar a la familia y seguidamente a sus conciudadanos. Aquel mensaje resuena todavía entre nosotros y nos ayuda a vivir el seguimiento de Jesucristo. El 18 de febrero le dijo: “No te prometo la felicidad de este mundo pero sí la del otro”. Más adelante le confió: “Penitencia, penitencia, penitencia” y también: “Ruega a Dios por los pecadores”. El día 2 de marzo escuchó: “Ve y diles a los sacerdotes que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión”. Finalmente el 25 de marzo aquella señora se identificó: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

 

            Las apariciones de la Virgen recordaban algunos de los elementos esenciales de nuestra fe como son la oración en la vida de cada creyente y de modo especial la oración de intercesión por los demás para no ser autoreferenciales como nos diría el papa Francisco; la penitencia para vivir la gracia de Dios que nos purifica de los pecados y ayuda a llevar un estilo de vida más austero y solidario con los más necesitados; la peregrinación a los lugares santos como manera de vivir nuestra vida de forma itinerante, y finalmente el sentido eclesial de la fe que nos lleva a  reunirnos en capillas y templos para celebrar el amor y la misericordia de Dios.

 

            Este mensaje ha calado profundamente en el pueblo cristiano, y desde finales del siglo XIX son innumerables los devotos que peregrinan a Lourdes. Allí experimentan la presencia de Dios que reconforta en la enfermedad y en medio de las dificultades de la vida, así como también la vida de la Iglesia a través de la celebración de los sacramentos y el ejercicio de la caridad para con los más débiles y necesitados, así como su acompañamiento espiritual y humano. El año próximo, en verano, precisamente yo tengo previsto peregrinar también allí con los jóvenes de la diócesis.

 

            Este fin de semana tenemos la oportunidad de venerar las reliquias de aquella joven que recibió el mensaje de Lourdes, una muchacha sin demasiada cultura que en aquellos momentos se encontraba recogiendo unos matojos para ayudar a su familia, que vivía pobremente. Venerar sus reliquias nos ayuda a dar gracias a Dios porque continúa manifestándose entre nosotros a través de las mediaciones humanas más sencillas. Nos ayuda al mismo tiempo a intensificar nuestro amor a la Virgen Madre de Dios, fuente de la verdadera Salud, que nos lleva siempre a Jesucristo. Y hace que nos sintamos miembros de la Iglesia, saliendo al encuentro de toda persona, y especialmente de los enfermos, los débiles, los necesitados, para ayudarles a vivir desde la fe las situaciones de la vida.

 

            Quiero terminar agradeciendo la tarea y dedicación de tantas personas que como hospitalarios acompañan a los enfermos y propician de este modo que puedan peregrinar a aquella gruta tan especial.           

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa