Vuestra tristeza se convertirá en alegría

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

Santa Pascua a todos: que en todos los corazones y en todos los hogares resuene el anuncio gozoso de que Cristo ha resucitado, que renazca la esperanza, que reviva la alegría. La resurrección de Jesús constituye el objeto nuclear de nuestra fe; como dice san Pablo, "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe" (1Co 15,17); su resurrección, su triunfo sobre el mal, el pecado y la muerte es principio de vida nueva para la humanidad y fuente de un gozo inmenso. Jesús resucitado, esperanza y consuelo para el ser humano, está presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, y se hace cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia, de lucha y superación. María Magdalena fue la primera persona que se encontró con Jesús resucitado y fue a anunciarlo a los apóstoles. Hoy somos nosotros los que proclamamos que el Señor ha resucitado, que vive presente en su Iglesia. El encuentro con Cristo cambia la existencia de las personas, y les abre un futuro de esperanza. La Virgen María, los apóstoles y todas las demás personas que seguían a Jesús experimentaron una profunda tristeza al ver que era rechazado por los dirigentes del pueblo, al ser testigos de su pasión y muerte en la cruz. Fue el momento de la aparente derrota. Con la muerte de Jesús todo se había venido abajo, y habían fracasado estrepitosamente todas las expectativas depositadas, todas las esperanzas de sus discípulos. No cabe duda que María se mantuvo firme en la fe, que conservó encendida la llama de la esperanza. Ella vivió como nadie el gozo del encuentro con su Hijo resucitado. Su tristeza incomparable quedó superada por la alegría inefable con Cristo vencedor de la muerte. Su resurrección es nuestra esperanza cierta; la Iglesia anuncia con alegría que Dios ha hecho firme e invencible a Jesucristo al resucitarlo de entre los muertos; la Iglesia comunica que el Padre ha resucitado a Jesús, el cual con su resurrección abre el camino de nuestra resurrección. Hoy la Iglesia se une a María, la Madre y Maestra, la estrella luminosa que nos guía hasta el puerto seguro, que es Cristo, redentor del mundo, crucificado y resucitado, vencedor de la muerte y de todo mal. La resurrección del Señor es luz que ilumina la vida de todo ser humano, que da sentido a su existencia, que disipa sus zonas de incertidumbre. En la oscuridad misteriosa de la muerte y del dolor, Cristo penetró como luz, y la noche se hizo luminosa como el día: la muerte se rindió ante la Vida, y las tinieblas se disiparon ante la luz. Como cantamos en la secuencia pascual: “Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta”. Vivamos la alegría pascual de sabernos amados por Dios Padre, redimidos por Cristo, llamados a vivir una vida nueva desde nuestro bautismo. Desde la experiencia del amor de Dios que genera un gozo inefable, estamos llamados a ser mensajeros de alegría, que trasmitan a los demás la alegría de haber encontrado a Cristo, como María Magdalena. En nuestra sociedad hay muchas personas que viven tristes, hastiadas; que quizá materialmente lo tienen todo, pero que han perdido el sentido de la vida y el gozo de vivir. Los logros materiales, los avances científicos y tecnológicos, las múltiples posibilidades materiales de que disponen, no acaban de saciar su sed de felicidad. Por eso es tan necesario un testimonio de alegría y esperanza, un testimonio que provocará no pocos interrogantes. ¡Santa Pascua! + Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa